Comprendiendo los síntomas motores: del temblor inicial a los desafíos de movilidad

Retos
La enfermedad de Parkinson (EP), es un trastorno neurodegenerativo crónico y progresivo que afecta principalmente el sistema motor, generando síntomas que dificultan el movimiento y la realización de actividades cotidianas.
Estos desafíos suelen alterar el cuerpo, el estado emocional, la autonomía y la participación social, afectando así tanto a las personas con la EP como a sus familiares y cuidadores.
El movimiento es medicina para el Parkinson
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Síntomas iniciales
En las primeras etapas de la enfermedad pueden aparecer síntomas leves, como:
- Temblor en reposo, que normalmente comienza en un solo lado del cuerpo. Este temblor puede interferir con tareas que requieren precisión y coordinación, como escribir o abotonarse una camisa.
- Rigidez muscular, la cual limita la movilidad del torso y las extremidades, dificultando tareas cotidianas como caminar con normalidad, levantarse y sentarse de una silla o girarse en la cama.
Otros síntomas y retos a medida de la enfermedad avanzan
Uno de los principales retos en etapas más avanzadas es la bradiquinesia (movimientos lentos). Esto puede:
- Retrasar la ejecución de las tareas cotidianas.
- Impedir el inicio y mantenimiento de los movimientos voluntarios (aquellos realizados de manera consciente e intencional).
- Dificultar la coordinación de la motricidad fina y las tareas diarias, como caminar, vestirse o escribir.
- Reducir la expresión facial y el parpadeo.
- Generar síntomas vocales (cambios en la voz), que pueden incluir un volumen bajo, tono monótono o incluso tartamudeo, dificultando así la comunicación.
Con el progreso de la enfermedad, los síntomas suelen afectar ambos lados del cuerpo (bilateralidad), lo que provoca:
- Problemas de equilibrio y postura
- Mayor riesgo de caídas
- Aparición de la marcha parkinsoniana: un patrón caracterizado por pasos pequeños y rápidos, inclinación del cuerpo hacia adelante y disminución del movimiento natural de los brazos al caminar.
- Episodios de congelamiento, donde la persona siente que sus pies están pegados al suelo, dificultando el inicio y la continuación del movimiento.
En conjunto, estos síntomas motores comunes en las personas con la EP pueden interferir con la coordinación y la ejecución de movimientos precisos, afectando el equilibrio y aumentando el riesgo de caídas. Las tareas simples requieren cada vez más esfuerzo, aumentando el riesgo de lesiones y la dependencia de otras personas. Por esta razón, es fundamental recibir apoyo profesional para manejar los síntomas y mantener la autonomía a lo largo del curso de la enfermedad.
